En un escenario físico que rebosa de vida animal, el estudio de las relaciones y las representaciones culturales se transforma en un tema de estudio y conocimiento
- Blog historia animal

- 4 sept 2025
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Actualizado: 20 sept 2025

A lo largo de la historia, las personas y los animales han convivido en diversas circunstancias y múltiples escenarios. Su interacción los transforma y compagina de forma constante. En esta dinámica, el ser humano es quien desarrolla e interpreta las diversas formas de apropiarse y relacionarse con el mundo natural y animal, también es quien las dota de significados, de prácticas y de perspectivas presentes e históricas.
De acuerdo con Pierre Serna (2019), las y los historiadores pocas veces consideran a los animales como objeto de estudio y mucho menos como los protagonistas, ya que han sido colocados como actores incidentales o secundarios para relatar y destacar episodios e historias del ámbito humano. Por ejemplo, en el desarrollo y proliferación de enfermedades, en el estudio de ciencias y profesiones como la veterinaria y la zootecnia, en el uso para conocimiento, admiración y entretenimiento de las personas (en circos, ruedos, palenques y zoológicos), como fuerza de trabajo y de transporte, por su entrenamiento y valor estratégico durante las guerras, o por el aprovechamiento de sus habilidades en tareas como la búsqueda y rescate de personas en escenarios de desastre.
Si bien los estudios realizados en el ámbito historiográfico nos han acercado a la historia de los animales, estos no necesariamente han sido el objeto primordial de análisis. Los animales son percibidos como protagonistas circunstanciales o actuantes, pero no intencionales, como sucede con una persona provista de razonamiento, intención y sentido. No obstante, es claro que los animales han protagonizado situaciones, hechos y actos heroicos como el rescate de personas en casos de siniestro o los acontecimientos y relatos de lealtad y resistencia que propician que los animales pasen a la memoria social y sean protagonistas de la historia, destacando precisamente por sus acciones y conductas.
Para conocer y reconocer a los animales como protagonistas de la historia, retomamos la enunciación del historiador Álvaro Matute, quien después de reflexionar sobre la corriente del historicismo, comenta:
El historicismo guarda en común ser una concepción de la realidad histórica distinta de la natural -o si incluye a la natural-, lo hace en función de la historia actuante sobre ella o de la temporalidad de la naturaleza -a la que se puede comprender en su especificidad a partir de otra especificidad (2002, p. 25).
La naturaleza, el medio, los seres vivos y en particular los animales, pueden, por consiguiente, ser referidos históricamente en sus estados, en sus transformaciones y en su interacción con las sociedades humanas. Por su parte, el filósofo, antropólogo y sociólogo francés Bruno Latour, quien ha contribuido con el estudio y análisis de las relaciones entre los humanos y la naturaleza desde una perspectiva en la que la ciencia y el contexto educativo, social, político y económico resignifican al mundo natural, incluidos los animales, señala lo siguiente:
El científico avanza a tientas hacia fenómenos en sí mismos, pero también acompaña a los seres a los que el laboratorio les ofrece una nueva posibilidad de existencia, una oportunidad situada en la historia. Un fenómeno no es además manifiesto sin materiales, espacios y personas. Ello ofrece una nueva existencia única, fechada, localizada, compuesta en parte por el científico (Latour y Woolgar, 1995, p. 98).
Si las personas y las sociedades se encuentran inmersas de forma continua por las circunstancias de una época, de un medio y de un escenario físico que rebosa de vida animal, entonces el estudio de las relaciones y las representaciones culturales en torno al binomio personas-animales se transforma en un tema de estudio y de conocimiento por consolidar.
Tomando en cuenta los planteamientos anteriores, y como lo refiere Blanca Uribe, el estudio de los animales en el contexto de las sociedades humanas, se sustenta desde el historicismo, pues:
La historia es la esencia que define al hombre, que lo delimita y transforma junto con los objetos que le rodean. De ello depende precisamente la historicidad de los seres vivos y los objetos. De ahí que el historicismo soporte la idea de la construcción -o invención- del hombre y los animales en tiempo y espacio (Uribe, 2015, p. 1393).
De esta manera, los animales no sólo tienen un ciclo biológico y una historia natural como especies, también pueden ser definidos y pensados como objeto de estudio histórico y sustantivamente como protagonistas de la historia; sin embargo, a diferencia de otros protagonistas humanos, que también han estado al margen de los temas desarrollados por la historiografía, como los afrodescendientes, las mujeres, las niñas, los niños, los adolescentes, los ancianos o las personas de la comunidad LGBTTTIQ, sobre los animales no tenemos aún abundancia de estudios y fuentes directas específicas del sujeto animal, sino aproximaciones tangenciales sobre su presencia, influencia, beneficio, nocividad y la manera en que los animales inciden en el desarrollo de procesos, coyunturas y transformaciones.
De forma relativamente reciente, el interés por el mundo natural y, principalmente, de los animales domésticos (perros, gatos, aves, animales de carga y de trabajo), nos han hecho identificarlos a partir de su relación con las sociedades humanas, en ámbitos tan diversos como las representaciones desde la literatura, las artes visuales y la fotografía, su protección y la enunciación de sus derechos a partir de una ética por la vida en su sentido más amplio. En efecto, es posible contar con fuentes históricas como las crónicas de conquistadores y evangelizadores, bandos emitidos por virreyes novohispanos con motivo de las políticas de higiene y salud pública, reglamentos de policía, testimonios de prensa, evocaciones literarias y diversos estudios administrativos de regulación y normatividad. A partir de una mirada y aproximación específicas, las fuentes convencionales pueden dar testimonio de los animales y de su relación con grupos, sociedades y personas.
En México, a diferencia del avance registrado en otros países latinoamericanos y europeos, aún son escasos los trabajos académicos que investigan y distinguen a los animales como protagonistas de la historia. A pesar de ello, la preeminencia del mundo animal conduce a identificar testimonios y a reinterpretar la historia de la vida material, de las emociones, de las profesiones y de las actividades económicas, para incluir las interacciones, los patrones de conducta y los imaginarios en torno a los animales que nos rodean prácticamente todos los días en diferentes formas y circunstancias. La historia de los animales es constitutiva de su vinculación, uso, explotación, abuso, control y reproducción por parte de las sociedades humanas, en sus coordenadas espaciales y temporales específicas.
Bibliografía:
Latour, Bruno y Woolgar, Steve (1995). La vida en el laboratorio, la construcción de los hechos científicos. Alianza.
Matute, Álvaro (2002). El historicismo en México. Historia y antología. Universidad Nacional Autónoma de México.
Serna, Pierre (2019). Animal, animalismo, animalización en tiempos de la Revolución francesa. En Serna, Pierre (Ed.), Como animales. Historia política de los animales durante la Revolución Francesa (1750-1840), (pp. 9-16). Universidad de Zaragoza.
Uribe Mendoza, Blanca (2015). La invención de los animales: una historia de la veterinaria mexicana, siglo XIX, História, Ciencias, Saúde-Manguinhos, 22 (4), 1391-1409. https://doi.org/10.1590/S0104-59702015000400010
Áurea Dominga Avila Rojas, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.




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